Las secuelas de la guerra

Las secuelas de la guerra

Nos detenemos a analizar El francotirador, una de las perdedoras de la noche de los Oscar y probablemente una de las cintas más polémicas de la extensa filmografía de Clint Eastwood. La biografía del navy seal Chris Kyle.


El francotirador es la película más taquillera de Clint Eastwood, con más de 300 millones de recaudación en todo el mundo. Pero sería incorrecto decir que es la mejor. No se acerca a Gran Torino (2008) o Mystic River (2003), sus últimas grandes películas, pese a ser superior a sus trabajos más recientes: Jersey Boys (2014) tiene altibajos y J. Edgar (2011) es sumamente tediosa.

Sin embargo, hay algo detrás de este drama bélico que provoca que el entusiasmo tras salir del cine sea mínimo. Es la carencia de humanidad con la que se describe al enemigo de Estados Unidos y la exageración al considerar de forma desproporcionada que Bagdad es una mina de terroristas y radicales.

El francotirador es una bala perdida para recordarnos que allí, en Irak y el resto de países árabes, hay personas como nosotros, que nada tienen que ver con terroristas y radicales. Haciendo un ejercicio de memoria, en El francotirador solamente un iraquí y su familia parecen estar sufriendo ese infierno como civiles ajenos a la célula terrorista que impera en la zona. Y aun así, no hay en ese árabe reproche hacia el estadounidense por estar invadiendo su territorio. Es más, su papel únicamente sirve para confirmar cinematográficamente que es necesaria la actuación de EE. UU. en Irak.

Eastwood no es sospechoso en este aspecto, ya que en Cartas desde Iwo Jima  (2006) ya demostró estar abierto a posicionarse y narrar con sensibilidad desde el bando contrario de Estados Unidos. También queda latente fuera del terreno bélico, en la maravillosa Gran Torino, en la que vemos como un veterano de guerra deja de lado su xenofobia para ayudar a sus vecinos asiáticos. Quizá por ello parece más alarmante la falta de empatía en El francotirador. Aunque se debe al punto de vista elegido para narrar esta historia. Y es que Eastwood pone la tilde en otros aspectos.

Más allá del componente patriótico que se vislumbra en la superficie del film, es interesante el tratamiento psicológico del personaje interpretado por Bradley Cooper, un francotirador obsesionado con su patria, que con sus disparos, paradójicamente, solo quería salvar las vidas de sus camaradas. Chris Kyle se sentía con la obligación de proteger a todo un país, aunque, irónicamente, no era consciente de que su país le estaba enviando directamente a una guerra sin sentido. Como buen patriota clásico, él prefiere actuar a reflexionar, germinando cierto sentimiento de frustración en el espectador más agudo y atento. Ahí está la primera contradicción, la primera colleja de Eastwood hacia el soldado norteamericano.

La mentalidad de Chris Kyle, retrógrada y patriótica, no se quebranta a lo largo de la película y permanece atada a esta línea de diálogo: «Solo creo en Dios, en la patria y en la familia». Eastwood se mantiene fiel a la leyenda y a sus convicciones, aunque pierde la oportunidad de apostar por una variante narrativa arriesgada que rompa con la mirada aséptica que impera y que le habría permitido ofrecer su opinión acerca de ese personaje y sus actos. La neutralidad es lógica por lo reciente de los acontecimientos reales, pero se echa de menos algo de osadía.

El_francotirador-943269662-large
El francotirador estaba nominada a mejor película, mejor actor, mejor guion adaptado, mejor montaje, mejor edición de sonido y mejor sonido en los Oscar 2015

Lo mejor de El francotirador es el contrapunto antibélico que encontramos en la familia, en la banalidad del héroe al volver del frente. Es ahí donde brilla Bradley Cooper dando vida a un soldado fracturado por la guerra que ve como su mujer (Sienna Miller) le reprocha una y otra vez que su mente todavía está en el campo de batalla. A Kyle le persiguen los sonidos de la guerra, ecos que le han valido a El francotirador su único Óscar, una cantada estatuilla a mejor edición de sonido.

La mujer de Chris Kyle es el símbolo inequívoco de la otra cara de la guerra. Un personaje sobre el que Clint Eastwood sustenta su sutil crítica hacia la angustia que los conflictos armados provocan en los familiares de los que parten al frente. Como ya nos mostró Kathryn Bigelow en su oscarizada En tierra hostil(2008), aquí el protagonista también acaba haciendo de Irak su amante reincidente, en este caso motivado por una venganza: el francotirador enemigo sigue suelto, cazando desde las sombras a militares estadounidenses.

El duelo con el francotirador va de menos a más, alcanzando buenas dosis de tensión y demostrando la capacidad de Eastwood para perfeccionar una técnica que recuerda por momentos a su cine western. Normalmente nos tiene acostumbrados a otro estilo de realización, más sobrio y pausado, centrado en el plano emocional de los personajes. Aquí juega con una combinación de ambos métodos, entremezclando esa dualidad bélica y antibélica que nos transporta junto al protagonista, de Estados Unidos a Irak y de Irak a Estados Unidos, dejando por el camino una mujer y una familia.

La banda sonora, por otro lado, pasa completamente desapercibida, algo que sería anecdótico si sus compositores no fueran el propio Eastwood y una leyenda viva: Ennio Morricone. El Francotirador es, en definitiva, un cóctel que mezcla En tierra hostil y Enemigo a las puertas(2001), aunque no tiene la originalidad del film de Kathryn Bigelow y el duelo entre francotiradores está lejos del mantenido por Vasili Záitsev y el mayor König. Y aun así, merece la pena verla. Invita a la reflexión.

Por Juan López

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *