«Love, Death & Robots»: brutal e irregular ciencia ficción animada de Netflix

Hace algo más de una década se anunció que David Fincher y Tim Miller iban a colaborar en la creación de una película inspirada en las historias de ciencia ficción de la revista Heavy Metal. La idea era desarrollar varios segmentos animados, cada uno dirigido por diferentes directores, que mantuvieran el contenido erótico y violento de la revista.


En 2008, David Fincher ya era un director de primera categoría; había dirigido películas como Seven (1995), El club de la lucha (1999) o Zodiac (2007); Tim Miller, aunque años después sería conocido como el director de Deadpool (2016), había fundado Blur Studio, una empresa de animación que poco después produciría material para, por ejemplo, Star Wars: The Old Republic (BioWare, 2011) y que también se encargaría de la animación de esta película. Heavy Metal había tenido un gran impacto en Miller cuando era niño y, aunque ya habíamos visto alguna adaptación a la gran pantalla (primero en 1981 y luego en el 2000), ahora parecía que ninguna major haría la película. Paramount Pictures había firmado originalmente para llevarla a cabo, pero Fincher nunca pudo fundar el proyecto y los derechos de Heavy Metal fueron a parar a manos de Robert Rodriguez, que nunca llegó a lanzar nada basado en este material.

11 años después, Fincher y Miller han podido ver su idea cristalizada gracias a Netflix. Love, Death & Robots (2019) es una antología de 18 relatos autoconclusivos que oscilan entre los cinco y los 17 minutos, la mayoría basados en relatos de autores de ciencia ficción (John Scalzi, Alastair Reynolds, Marko Kloos…) y con guiones adaptados por Philip Gelatt. Y no solo Blur Studio se encarga de producir la animación, están metidos en el ajo estudios como Blow o Digic Pictures, por lo que cada capítulo tiene su propio estilo, también en parte porque cada uno está dirigido por un cineasta distinto –salvo Víctor Maldonado y Alfredo Torres, que dirigen tres capítulos–. Y el propio Miller se encarga de uno de ellos: La edad de hielo.

Tres robots. Fuente: Netflix.

Como el título indica, el hilo conductor que une los relatos es que todos están relacionados (o deberían estar, o lo están parcialmente) con el amor, la muerte y los robots. Desde luego, no siempre es así: aunque la muerte sí que inunda toda la serie –la muerte violenta, sobre todo–, el tema del amor está casi siempre muy cogido con pinzas. En cuanto a los robots… en la mayoría de capítulos sí que aparecen, pero en otros simplemente hay monstruos o criaturas extrañas. Tampoco es algo que afecte negativamente a la serie, al final la esencia de Heavy Metal está ahí, porque también trataba con el terror y la fantasía. Como dijimos, sus historias estaban cargadas de ultraviolencia y de un erotismo casi pornográfico, algo en lo que la serie adolece un poco: todo se torna gratuito, provocando la sensación de que ese exceso tendría un mayor propósito si las historias fueran mejores; sin duda, el gran punto débil de Love, Death & Robots.

Una curiosidad es el orden de reproducción de cada capítulo, el cual varía en función del usuario. Ninguno de ellos es malo, de hecho, todos tienen planteamientos bastante interesantes, pero algunos son más flojos que otros, especialmente en cuestiones de guion. Muchos se quedan en una buena idea sin desarrollar. Por ejemplo, La edad de hielo recuerda totalmente a un capítulo de Los Simpson (Matt Groening, 1989), pero está muy poco inspirado en comparación. Hay algunos llenos de acción, pero vacíos, muy entretenidos, pero llenos de tópicos, como Devorador de almas o Trajes, que parece haber salido de una partida de StarCraft (Blizzard Entertainment). Incluso los más diferenciados por su animación infantil, Historias alternativas y Yogur al poder, son muy simples pese a su planteamiento alocado. Mano amiga, que tiene ese aroma a Gravity (Alfonso Cuarón, 2013), tampoco destaca demasiado.

Luego los hay simples pero efectivos, como es el caso de La testigo, que juega con el tema de la perspectiva –igual que La ventana indiscreta (Alfred Hitchcock, 1954)–  y acaba con un giro de guion interesante, no demasiado novedoso, pero que funciona. Tres robots destaca en sus diálogos e interpretaciones; su historia no tiene mucho recorrido, pero tiene puntos graciosos. Más allá de Aquila es bastante imaginativo, parece sacado de una pesadilla de Lovecraft o de un relato de Philip K. Dick, y Buena caza tiene una trama un poco más desarrollada que la mayoría, pero el mejor quizá sea Zima Blue, la historia de un enigmático artista con reminiscencias a Yves Klein.

Buena caza. Fuente: Rolling Stone.

Lo bueno es que si no te gusta uno te gustará otro, y si no te quedas con la historia, al menos te quedarás con la animación, el verdadero punto fuerte de la serie. Love, Death & Robots es una macedonia de estilos visuales: anime, rotoscopia, animación tradicional, fotorrealismo, mezcla con imagen real… Destaca muy por encima de la media el capítulo de Alberto Mielgo –quien trabajó en Spider-Man: Un nuevo universo (2018)–. La testigo tiene verdadero poder visual: los colores, movimientos de personajes y composición de planos son aquí brillantes. Pero, más allá de La testigo, la serie está plagada de aspectos visuales muy conseguidos: el diseño de los Tres robots, las caras de Más allá de Aquila, el traje de Mano amiga, el steampunk en Buena caza, los colores de Noche de criaturas marinas, el 2D de Punto ciego, el dibujo de Zima Blue… Incluso algunos de los capítulos más flojos, como Devorador de almas, se salvan por su atractiva animación.

Al final la serie te puede dejar una sensación bastante fría si esperabas algo más parecido a Black Mirror (Charlie Brooker, 2011) que a las historias de Heavy Metal. Pero, aunque solo sea por el aspecto visual y su accesible forma de consumo propia de la era de YouTube en la que vivimos, vas a acabarla antes de que te quieras dar cuenta.

 

Por Marcos Jiménez Lobera

Imagen destacada: Netflix

 

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