Más Summer in the Zity, por favor: crónica de Slap! 2015 + Dylan

Más Summer in the Zity, por favor: crónica de Slap! 2015 + Dylan

Levantarse a las 9:30 de la mañana para ir a un festival puede ser un comienzo un poco extraño, perderse por Valdefierro y que un vecino te guíe con su coche hasta la mismísima puerta del camping también (gracias, Valdefierro), pero en un festival como Slap!, en el que vida y música se confunden desde el primer momento, has de ir preparado para que el flow sea tu único gurú.


piscina slap
El calor hizo que en ocasiones el ambiente piscinero superara al de los escenarios. Foto: Torrent & Choos – Slap!

Tras dejar preparado el campamento base, huimos hacia la piscina antes de que el calor acabara por desintegrarnos. Allí, dos escenarios enfrentados, Enlace Funk y La Ley Seca, fueron pasándose el relevo para que durante más de nueve horas no dejáramos de bailar en ningún momento —sí, también lo hacíamos dentro del agua—.

Y así comencé el Slap!, introduciéndome en la piscina poco a poco, dejándome hipnotizar por el trance rock de Picore, y descubriendo que su «Prisa mata amigo» suena incluso mejor bajo el agua. Qué puede haber más trance que hacer el muerto y sentir el eco de unas guitarras rotas provenientes de un oscuro y lejano mundo abisal. Sin duda, uno de esos grupos que ganan en directo.

¿De verdad que estos tíos son españoles? La ruptura de los Blackmouth no pudo ser más directa. Tengo que reconocerlo, la camisa de topos de su cantante, su voz ajada y sus movimientos descontrolados me cautivaron con rapidez. Urban funky del bueno que durante una hora envolvió los cuerpos semidesnudos de todos los presentes.

Creo que sobre las 15 h ya había dicho cinco o seis veces que no nos podíamos perder a US Rails. «¿Estos son los que te gustan?» Sí, por fin. Con US Rails el sur llegó al festival para quedarse, junto a unos cuantos kilos de melancolía. Tanta que, para cuando tocaron «Burning fire», ya no quedaba nada de mí en aquella piscina, viajaba a miles de kilómetros acompañada por alguien que tal vez debía haber estado allí. Porque para bien y para mal la música de raíces de US Rails no habla de casi nada que no sea desamor.

Ya con el alma un poco desgastada, tras una buena ración de «entrañas», decidí apoyar los brazos en el borde de la piscina y que el sol abrasara mi espalda para no hacer otra cosa que dejarme llevar. Mientras, a mi alrededor unos cuantos bañistas sincronizaban sus saltos con lo que para mí fue la voz del festival. Elegante y llena de color, Astrid Jones apagó las luces de mi habitación y nos condujo con suavidad a un soul mágico.

Dead Bronco
Matt Horan de Dead Bronco dándolo todo. Foto: Torrent & Choos – Slap!

Llegaron ellos y comenzó el festival de verdad, sacándonos a todos del agua para no volver, para lanzarnos de nuevo al sur, al rancho, a la mecedora y a la botella de whisky. Dead Bronco estuvieron (son) muy grandes, y con «Penitent man» y «Big City Mama» lograron que no quisiéramos hacer otra cosa que gritar. Los tatuajes de Matt Horan cobraron vida y sus movimientos de cabeza casi consiguieron que lanzara mi libreta a la piscina para dejarme fundir con su lap steel. En un español rudimentario repleto de f*cks, Horan nos guiaba entre canción y canción, y pedía cervezas y cervezas, hasta someter nuestros cerebros a base de broncobilly. Posiblemente una de las mejores actuaciones del festival, ahí queda eso.

Irregular Roots surgen de otros grupos
Irregular Roots, banda con fuertes influencias setenteras, lleva sobre los escenarios desde 2010. Foto: Javi Millán Valero

Llegó la noche, y casi sin tiempo para reponer fuerzas, corrimos al Anfiteatro Slap! para reencontrarnos con Luke Winslow-King, con quien tuvimos el placer de compartir baño y toalla. Todo un señor que, con su caballerosidad sureña, nos conquistó de nuevo sobre el escenario. Su guitarra nos meció y con el viento llegó su romanticismo repleto de canciones de amor, mucho amor, hasta que totalmente entregados cantamos con él «Everlasting Arms». Se despidió de nosotros, como no podía ser de otra manera, bajando del escenario para bailar muy lentamente su última canción con una exótica belleza que, como él, parecía haber viajado hasta allí desde la mismísima Nueva Orleans. Por favor, no dejéis de escuchar «The Crystal Water Springs».

Irregular Roots fue la sorpresa del festival, no sabía que eran de Zaragoza, no sabía que hacían reggae y no tenía ni idea de que lo hacían tan bien; lo siento. Charly Carnicer me encantó, pero he de decir que la voz de su guitarrista, Jesús Bravo, me abdujo mientras la luna aún luchaba por esconderse. Y cuando parecía que no podíamos sudar más The Faith Keepers lo hicieron posible, y muy bien. Me recogí el pelo. Todavía quedaba mucha noche por delante. Si Borja Tellez era capaz de todo y más, yo también. Sin duda, un frontman que nunca decepciona. «Escúchame bien, escúchame amigo, no pienses que está todo perdido», nos provocó, nos pidió que diéramos más y, claro, no pudimos hacer otra cosa que acatar su ritmo.

Foto: Javi Millán
Knight, su traje blanco, su camisa azul celeste y una luz que lo llenaba todo. Foto: Javi Millán Valero

Han pasado dos días y en mi memoria todavía se mantiene perseverante la trompeta de su grandísima versión de «Day Tripper». Con el terreno preparado por su banda, The Lakers —unos tipos con pinta de oficinistas entregados que parecían recién salidos del DeLorian de Emett Brown—, apareció en escena el gran maestro. Un show el de Sonny Knight, que como proclama el título de su último álbum —Do it live— solo puede entenderse así. Parece mentira que este soulman haya sido camionero durante años, y que hasta hace tan solo tres no alcanzara la fama —pasados los 60—, gracias a un álbum de versiones no por casualidad titulado I´m still here. Y menos mal que lo estás, Sonny.

Sensuales, tribales, tal vez primitivos, así son Fanga, una banda de afrobeat francesa perfecta para cerrar un festival. «Crache La Douleur» nos introdujo en lo que podía haber sido un bucle de timbales sin fin y, una canción tras otra, fuimos subiendo con ellos escaleras hacia el cielo. «Si necesitas escribir, es bueno», y eso mismo estaba escribiendo pasadas las 3 de la madrugada. Por algo será.

Mr. Pendejo y DJ Finado continuaron la noche para los más valientes en la Carpa Explosivo! Club. Pero, aunque la música trató de hacerme resurgir de entre los muertos, más de doce horas de baile pudieron conmigo: cierre por derribo.

El domingo regresamos a la piscina, ya con otro espíritu, algo que vaticinaron con sabiduría desde la organización comenzando la hora de las bandas con The Fractal Sound. Su música —«alternative, idm ambient, experimental, electronic, experimental rock, free, jazz, post-rock, psichedelic, psychedelic, techno and variations, Spain» (creo que los de Bandcamp ya no les dejaron poner más tags)— hizo que nos derritiéramos, que nos disolviéramos entre laderas de hierba. Diferentes y profundos, nos convirtieron en líquido. Y, sí, también son de aquí.

El Slap! continuamente te devolvía al Slap! y para ello nos preparó una legión de buenos DJ que durante los dos días, entre banda y banda, no ofrecieron tregua a los mortales. Ver correr a la gente desde el baño para escuchar «A horse with no name» de America creo que podría ser un buen ejemplo de ello.

La actuación legendaria de la tarde, sin duda, fue la de James Carter Organ Trio. Los que allí nos congregamos en una pugna por la sombra, nos arrodillamos una y otra vez ante su virtuosismo, y no solo ante Carter —uno de los saxofonistas de jazz más respetados de su generación—, también ante su organista. Gerard Gibbs mostró en todo momento una sonrisa sabedora de su facilidad para tocar el órgano solo con los pies; una especie de frenesí, suave, lento, fuerte, que en ocasiones recordaba a un bailarín de claqué.

Camping municipal de Slap!
Campistas habituales y festivaleros compartimos camping como buenos hermanos. Foto: Torrent & Choos – Slap!

Y llegó el final, y lo que quedaba de nosotros recogió el campamento, no sin resistencia. Una vez más esas malditas tiendas andinas consiguieron que muchos tardáramos más de lo esperado, mientras se despedía de nosotros el eco de una música que provenía ya lejana desde la piscina.

Este año la combinación entre ambos escenarios fue todo un acierto, la oscuridad de La Ley Seca frente a la luz de Enlace Funk. Tú eres blues yo soy soul, entramos y salimos, subimos y bajamos, nos sumergimos y nos levantamos, nosotros y nuestro espíritu. Lo que podría haber rozado lo bipolar se transformó en hilo perfecto para una edición que ha sido mucho más de música de raíces americanas que en otras ocasiones y que algunos tuvimos la suerte de terminar con Dylan como colofón.

Llegar al Príncipe Felipe, tras dos días de Slap!, rozó la hazaña, a pesar de que fuera una noche en la que podríamos decir que me sonrió la vida: aparcamiento fácil, cena gratis y un encuentro tan grato como inesperado; todo ello culminado por un concierto que, pese a sus más de dos horas de duración, se hizo corto, muy corto.

Dylan Barcelona
Paradojas de la vida, fotógrafos acréditados que tenían prohibido hacer fotos. Foto del concierto en Bcn: Ferrán Sendra

Dylan surgió desde el mismísimo corazón de las tinieblas rodeado de dorado Mardi Gras, dejándonos bien claro qué nos íbamos a encontrar. Y es que la elegante iluminación del concierto le acompañó como un músico más, creando atmósferas tan sencillas como potentes. Una noche de verano, una calle de cualquier ciudad, una dixie band, una pareja susurrando desde un balcón y, en el escenario, Bob retándonos desafiante con las piernas abiertas y una mano en el costado, a punto de desenfundar para dispararnos a todos su última bala.

Inquieto, cansado y huidizo no interactuó con el público, qué más da, nadie lo esperaba. Sabe que su música lo hace por él. Tampoco tocó prácticamente temas conocidos («Tangled up in Blue», «She Belongs to Me», «Simple Twist of Fate» o el mítico «Blowin’ in the Wind») y, cuando lo hizo, no lo podríamos llamar ni versiones. Los revisitaba tal y como es ahora, un crooner, un bluesman, un viejo con sombrero de ala ancha, voz áspera y letras suaves. Nadie podemos ser quienes éramos hace ni siquiera diez años, él tampoco.

El concierto ganó intensidad tras el descanso, Bob se abalanzaba más si cabe sobre su piano poniendo todo su peso en cada nota, mientras el batería tocaba con la precisión y rapidez de una fábrica alemana. Y cuando llegó el turno de «Spirit on the Water», poseída por su contrabajo, supe que había acertado. A pesar de haber escuchado miles de críticas sobre sus giras anteriores, tenía el pálpito de que algo iba a ser diferente, de que sería tan único como aquel concierto de Leonard Cohen, hace ya seis años. Bob Dylan ha cambiado su espectáculo y, tras él, yo también. Cuando salimos el viento se levantó y todos lo supimos.

 

Por Elisa Plana

2 comentarios en «Más Summer in the Zity, por favor: crónica de Slap! 2015 + Dylan»

    1. Seguro que sí. Pero no se puede llegar a todo… Me dio mucha pena, la próxima vez intentaré ser más rápida montando el campamento.

      Gracias por tu aportación!

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