Ocho dibujantes de cómic alternativo imprescindibles

Presentamos a ocho historietistas destacando especialmente su estilo gráfico. Dibujantes –y muchos de ellos también guionistas– de cómics alternativos con estilos muy personales que entran por los ojos, pero cuyos dibujos también reflejan o complementan el estado anímico que nos transmiten sus historias.


Ghost World (Daniel Clowes, 1997). Fuente: Fantagraphics Books.

Más allá de su pesimista y misántropa escritura, que, sin ir más lejos, le ha valido la nominación a los Óscar por el guion adaptado de su propia obra con Ghost World (Terry Zwigoff, 2001), Daniel Clowes (Chicago, 1961) es uno de los dibujantes más importantes del mundo del cómic alternativo. Además, ha ilustrado el cartel de la película Happiness (Todd Solondz, 1998), el de la cuarta temporada de Silicon Valley (John Altschuler, Mike Judge y Dave Krinsky, 2014) o hasta la animación del videoclip de I Don’t Want to Grow Up (Ramones, 1995). Su estilo gráfico es de lo más interesante, un dibujo sencillo y pulcro inspirado por el cómic clásico que puede recordar a Charles M. Schulz o a Steve Ditko y que a veces tiende más a la caricatura y otras al realismo, algunas veces bicolor y otras con un fantástico uso de colores intensos.

 

 

 

 

Lo que más me gusta son los monstruos (Emil Ferris, 2017). Fuente: Fantagraphics Books.

 

 

 

Emil Ferris (Chicago, 1962) había diseñado e ilustrado juguetes para McDonald’s y Takara Tomy en el pasado, pero no fue hasta hace bien poco cuando se consolidó como una de las artistas más únicas del cómic actual tras la publicación de su primera obra, Lo que más me gusta son los monstruos (2017), la cual ha sido elogiada por Art Spiegelman, ni más ni menos. Su virtuoso estilo visual va del expresionismo de George Grosz y Otto Dix al dibujo underground de Robert Crumb, y sus monstruos están principalmente dibujados usando un boli, presentando el cómic como un espectacular diario personal lleno de iconografía de revistas pulp y cine de horror de serie B.

 

 

 

Pulse enter para continuar (Ana Galvañ, 2018). Fuente: Ana Galvañ.

Muy apegada al mundo del fanzine y a la autoedición, Ana Galvañ (Murcia, 1975) ha trabajado ilustrando para The New Yorker, The New York Times, El País o Vertigo, y uno de sus puntos fuertes es el diseño de carteles para eventos, como el que hizo para el Salón del Cómic de Barcelona. De su obra destaca su último cómic, Pulse enter para continuar (2018), una recopilación de historias de ciencia ficción y terror llena de colores saturados y brillantes que contrastan con la frialdad de sus narraciones. Su arte mezcla multitud de influencias en un estilo único y surrealista, plagado de formas geométricas que beben del constructivismo y perspectivas isométricas que recuerdan a los videojuegos.

 

 

 

 

 

 

 

El método Gemini (Magius, 2018). Fuente: Autsaider Cómics.

Otro historietista que viene del fanzine es el dibujante e ilustrador Diego Corbalán (Murcia, 1981), conocido como Magius, quien ha trasladado a las viñetas desde la cultura del black metal, la de su propia tierra y hasta la del mundo de la mafia italoamericana en el Nueva York de los 70 con su bestial último cómic, El método Gemini (2018), en el que destaca tanto el scorsesiano guion como el original uso de rotundos colores primarios o su ya característico dibujo expresivo y directo al estilo cartoon y de espíritu sucio y malsano inspirado por los grandes del underground como Crumb o Gilbert Shelton.

 

 

 

Takemitsuzamurai (Taiyô Matsumoto, 2006). Fuente: Amazon.

Las historias de Taiyô Matsumoto (Tokio, 1967) son de las que dejan huella, retratos de la infancia llenos de lirismo y movimiento como el que pudimos ver adaptado al cine con Tekkonkinkreet (Michael Arias, 2006). Pero si hay algo más reconocible que estas en la obra del aclamado mangaka es ese estilo de dibujo desmarcado de la norma del cómic japonés, el cual brilla especialmente en su acercamiento al ukiyo-e con Takemitsuzamurai (2006), donde despliega una increíble sensibilidad gracias a su inconfundible trazo, transmitiendo a la perfección la calma y armonía de los momentos más costumbristas, así como la violencia y el ritmo de los intensos duelos de samuráis.

 

 

 

 

 

Vapor (Max, 2012). Fuente: Fantagraphics Books.

 

 

Creador de la revista NSLM, del personaje Peter Pank para El Víbora o de las historias de la urraca cuentacuentos publicadas en El País, el historietista, ilustrador y editor Francesc Capdevila (Barcelona, 1956), más conocido como Max, lleva décadas siendo uno de los mayores exponentes del cómic alternativo español. Se aproximó a la línea clara en los 80 y con el tiempo ha forjado un estilo propio; guiones cargados de humor metafísico e irreverente, referencias culturales y reflexiones filosóficas con un peso tan importante como el de su contundente tratamiento gráfico, un dibujo minimalista y a menudo de un metafórico blanco y negro como el que vimos en Vapor (2012), un cómic de estilo seco y huraño, así lo ha definido el propio Max tanto por el carácter del protagonista como por su estética.

 

 

 

 

Soy una matagigantes (Joe Kelly y Ken Niimura, 2009). Fuente: Ken Niimura.

Con influencias tan diversas como Dave McKean o Yoshitaka Amano, el estilo de Ken Niimura (Madrid, 1981) –quien hace poco fuera nominado a los Premios Eisner 2019– nace del bum del manga en la España de los 90 y, aunque él no lo ha terminado de considerar lo bastante personal, con el tiempo lo ha ido puliendo hacia algo mucho más propio. Ya sea con sus dinámicos dibujos de poderosos colores o con el blanco y negro de la emocionante historia escrita por Joe Kelly, Soy una matagigantes (2009), los trazos sueltos de este historietista desprenden un vitalismo comparable al mismísimo Hayao Miyazaki.

 

 

 

 

 

 

Píldoras azules (Frederik Peeters, 2001). Fuente: Astiberri Ediciones.

 

 

Las potentes imágenes de Frederik Peeters (Ginebra, 1974) han llevado a este autor a publicar alguna de sus obras sin necesidad de texto, y no precisamente porque no se le den bien los diálogos, ya que estos son fantásticos y tratan temas universales como el amor o la muerte con una madurez apabullante, así lo demostró en su reflexiva y directa historia autobiográfica sobre su relación con su pareja seropositiva: Píldoras azules (2001). Su impecable grafismo presenta un trazo muy suelto y grueso, lleno de personajes expresivos que transmiten la gran capacidad narrativa del autor. Un estilo que se adapta a las peculiaridades de cada historia, bien sea con su original acercamiento a la ciencia ficción poética o hasta con el wéstern chamánico.

 

 

 

 

 

Por Marcos Jiménez Lobera

Imagen destacada: Ana Galvañ

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