OperaMía: marzo

Dos acontecimientos musicales quiero destacar para la crónica del mes de febrero: la inolvidable Norma del Liceo barcelonés y la estupenda representación en el Teatro de la Zarzuela de Lady, be good! con Luna de miel en El Cairo en un programa doble delicioso.

Y digo la Norma del Liceu porque, curiosamente, febrero —y parte de marzo— ha sido y está siendo en España el mes de las «Normas», puesto que se han presentado tres producciones simultáneamente: en el Liceo barcelonés la de David Korins que es una coproducción con San Francisco, Chicago y la Compañía de Ópera Canadiense de Toronto; la de la Maestranza sevillana, producción turinesa sobre una idea de Alberto Fassini; y la del Palau de les Arts valenciano, en marzo, una producción de Davide Livermore.


 Norma (Gran Teatre del Liceu 8/2/2015)

Sondra Radvanovsky, Ekaterina Gubanova, Gregory Kunde, Raymond Aceto, Francisco Vas y Ana Puche son los intérpretes de esta magnífica obra de Bellini

Sondra Radvanovsky, Ekaterina Gubanova, Gregory Kunde, Raymond Aceto, Francisco Vas y Ana Puche son los intérpretes de esta magnífica obra de Bellini. Foto: A. Bofill

Nos centraremos en la, voy a decirlo ya, extraordinaria Norma que tuvimos ocasión de presenciar en la sesión de estreno el pasado día 8 de febrero en el Liceu barcelonés. Pocas veces hay ocasión de asistir a una interpretación como la que la norteamericana Sondra Radvanovsky llevó a cabo, matizando y cumpliendo las agilidades belcantistas (Norma es, para mi gusto, la ópera belcantista por excelencia), aunque a algunos les pueda parecer una interpretación un poco «fría». Ya la habíamos visto en Aída y Tosca y está en la primera fila de las sopranos actuales.

Gregory Kunde, también norteamericano, hizo un brillante Radamés; es un papel de gran dificultad en una ópera donde los mayores aplausos se los suele llevar la protagonista. Kunde es un tenor con una gran trayectoria y fue un Pollione de auténtico lujo que incluso nos deleitó con unas extraordinarias variaciones en el primer acto. Bravo.

El papel de Adalgisa estuvo a cargo de la mezzosoprano rusa Ekaterina Gubanova que dió una perfecta réplica en los dúos con Aída, emocionantes siempre, segura y correcta, al igual que Raymond Aceto (Oroveso). Deliciosa Ana Puche (Clotilde), una voz a la que auguramos muchos buenos momentos en su carrera y nuestro paisano Francisco Vas (Flavio), perfecto en un paso más de una carrera consolidada y que nos alegra especialmente.

Brillante, pues, reparto vocal, ampliamente aplaudido al final, con un Liceu lleno y una feliz Sondra que llego a emocionarse vivamente al recoger la ovación final.

Renato Palumbo estaba al cargo de la dirección musical y Kevin Newbury de la dirección de escena de esta Norma

Renato Palumbo estaba al cargo de la dirección musical y Kevin Newbury de la dirección de escena de esta Norma. Foto: A. Bofill

La dirección de Renato Palumbo se adaptó perfectamente al ambiente de la obra y al tempo en que los protagonistas, especialmente Norma, parecían estar más cómodos. Me gustó esa cualidad, que algunos critican pero que, en mi opinión es una característica y nunca un defecto. La orquesta y coro estuvieron a la altura y hay que considerar siempre que una función en directo no es una grabación en CD y que cada día se dan unas condiciones diferentes. En la que yo vi y relato me pareció que la orquesta estuvo correcta y el coro, tal vez por la producción (de la que hablaremos ahora) con alguna pequeña inseguridad, sin entrar a analizar más detalles con los que abrumar al amable lector y que no son objeto de estas breves crónicas.

Y, finalmente, comentamos la producción. Ya está bien de la tiranía de los directores de escena, de sus majaderías, interpretaciones arbitrarias, salidas de tono y afán de protagonismo. Y eso que esta producción no es de las que te obligan a cerrar los ojos y disfrutar de la música y el canto pero, dentro de un pretendido vanguardismo-simbolista, nos encontramos con decorados inexplicables, vestuario psicodélico, dirección de masas inexistente y escasa de actores y, aunque siempre digo que no soy de los nostálgicos de decorados ampulosos, cartón piedra o telones (válganme los dioses) lo cierto es que esta Norma hace agua a mares en ese aspecto que, por otra parte y dada la calidad de lo demás, no consigue demeritar la obra.

Una gozosa jornada, pues, que se une a mis «Normas», la primera de las cuales la escuché en nuestra ciudad, un mayo ya lejano, en 1975, a la inigualable Montserrat Caballé. ¡Qué tiempos…!

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Lady, be good! / Luna de miel en El Cairo (Teatro de la Zarzuela 14/2/2015)

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Lady, be good!, estrenada en 1924, supuso un antes y un después en la producción de los hermanos Gershwin. Foto: José Catalán

El Teatro de la Zarzuela está programando interesantes obras y reactivando la asistencia de un público que había abandonado en buena medida el popular coliseo de la calle Jovellanos, gracias a la labor del nuevo director, Paolo Pinamonti.

Me he aficionado, aprovechando otros motivos de estancia, a frecuentar este precioso teatro que durante muchos años albergó las funciones de ópera que no podían darse en el Real, convertido —degradado— en auditorio.

Nos trasladamos a los felices años veinte norteamericanos y a los complejos cuarenta españoles a través de estas dos deliciosas comedias musicales puestas en escena con lujo, buen gusto y atinados repartos, aunque adaptadas y modificadas para ensamblarlas en una única función que, aún así, ronda las tres horas y media. Lady posee una música brillante y un ambiente muy logrado, si bien los intérpretes (voces de musical, no líricas) hubieran agradecido —en este caso es justificable— la megafonía, como podemos contemplar en los diversos musicales que vemos por esos mundos, especialemente en los peculiares teatros de Londres.

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Luna de miel en el Cairo alcanzó una gran popularidad durante los años veinte y treinta por sus alusiones eróticas y dobles sentidos. Foto: zarzuela.net

Otra cosa es la obra de Alonso, más cercana a nosotros, aunque de menos entidad musical, pero con una excelente puesta en escena y unas voces (esta vez, sí, líricas) para disfrutar, especialmente la de nuestra querida paisana Ruht Iniesta, en el papel protagonista y de la que incluiremos nuestra entrevista del mes «Diez preguntas con…». Iniesta se encuentra ya en la primera línea de las cantantes líricas españolas y cabe esperar de su calidad, constancia y trabajo, grandes éxitos. Lo deseamos y la felicitamos por la excelente carrera que está realizando.

Deliciosa Mariola Cantarero en un papel que borda con gracia y desparpajo, así como David Menéndez, siendo bien secundados por el resto de excelentes artistas. En el foso Kevin Farrell dirigió una orquesta con brío y mano segura y a mí, en algunos determinados momentos, me recordaba —en el buen sentido— a aquellas inefables orquestas de cafetín. Delicioso sabor el de los recuerdos y bella jornada la de La Zarzuela —llena de un público que tiene sus peculiaridades específicas— con el regusto de haber escuchado a una Ruth Iniesta en plenitud.

En Zaragoza

En nuestra ciudad, hay que señalar dos eventos importantes casi a final de febrero: el estupendo concierto de la Sociedad Filarmónica de Zaragoza (que se acerca a su n.º 1500) el día 25, con el Trío Massià, formado por Jordán Tejedor (violín), José Mor (violoncello) y Alberto Giménez (piano) con obras de un joven Rachmaninov interpretadas magistralmente.

Y al día siguiente, en el Salón de Actos de Ibercaja, tuvo lugar un sorprendente concierto de Basiani, Coro del Patriarcado de Georgia, una experiencia musical inolvidable, como relata Juan Carlos Galtier muy acertadamente en su reseña de Heraldo de Aragón. Un coro masculino de cámara que nos trajo una música rica y viva, tanto en su matiz religioso como profano. Música coral diferente, bella y espectacular que crean esas catorce voces que dejaron una honda huella en un entregado auditorio.

Próximas obras

Y para el mes entrante, en el Liceo, Tristán e Isolda, versión concierto con Mikhail Petrenko y Sigfried  de Wagner —segunda jornada de la Tetralogía El anillo del nibelungo— con Irene Theorin y Lance Ryan entre otros. Más alguna «propina». Allá que vamos…

 

Por Miguel Ángel Yusta

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