«Paciencia», la odisea de amor y venganza de Daniel Clowes reeditada

La gran novedad del Salón del Cómic de Barcelona de este año ha sido tener, en su primera visita a España, al legendario historietista Daniel Clowes (Chicago, 1961). Ahí ha aprovechado para firmar unos cuantos libros y, de paso, presentar la reedición de su última obra, Paciencia (2016), lanzada en nuestro país por la editorial Fulgencio Pimentel.


Portada de Paciencia (Daniel Clowes, 2016). Fuente: Fulgencio Pimentel.

Paciencia es el cómic más extenso y ambicioso de Clowes, así como una de sus obras más maduras y conmovedoras. En él, otorga a sus personajes una profundidad y una humanidad fuera de lo común en sus trabajos previos. Es un thriller de ciencia ficción pulp que surge de la mente de un Clowes atraído por la idea de un protagonista masculino que se obsesiona con una mujer como pasaba en Vértigo (Alfred Hitchcock, 1958). Acompañamos a Jack, un hombre que intenta evitar el asesinato de su mujer embarazada (Paciencia) años antes de que suceda, viajando al pasado y escudriñando la vida de Paciencia y tratando de averiguar quién de sus conocidos podría ser el asesino. Al igual que Scottie (James Stewart), Jack es un farsante, alguien atractivo solo superficialmente y que esconde a un maniaco en su interior, una especie de detective sediento de venganza que, también movido por su neurosis, investiga un caso existencial en unos Estados Unidos paranoicos, violentos y degenerados.

Con un trazo sencillo de influencias clásicas como Ramona Fradon o Steve Ditko, en Paciencia Clowes adopta un dibujo más realista que en la más caricaturesca Mister Wonderful (2011), y está coloreado por unos tonos pastel eléctrico que recuerdan a los psicodélicos años 60. Clowes derrocha una paleta de colores chicle, intensos rosas, naranjas, azules, rojos, lilas, verdes y amarillos que, ligados a la pulcritud del dibujo, refuerzan la narración y contrastan con la oscuridad de la psicología de sus personajes.

Clowes, que nunca ha estado de acuerdo con los que solo se quedan con la misantropía y el cinismo que desprenden sus personajes, reconoce que algunos hechos han moderado su visión de la vida, que ahora cree que también se debía a cierta pose adolescente. Después del nacimiento de su hijo, la muerte de su padre o una operación a corazón abierto que le descubrió ser una persona más valiente de lo que creía, Paciencia nos muestra a un Clowes menos misántropo y más optimista que el autor de Eightball (1989-2004). Parte del mérito de Paciencia es que nos hace reflexionar sobre quiénes fuimos en el pasado. Clowes ha dicho que tuvo que revisar su obra previa cuando organizaron una gran exposición sobre esta y lidiar así con el dibujante que era en el pasado, y que se encontró con una persona que no tenía ni idea de quién era, el trabajo de alguien joven e inexperto, totalmente ajeno al hombre que es a día de hoy, pero a quien se sentía vinculado emocionalmente. Precisamente de esa sensación de estar frente a alguien que eres tú y a la vez no, surgió la idea de los viajes en el tiempo.

Autorretrato de Daniel Clowes. Fuente: La Cúpula.

Clowes había tratado con paradojas complejas en sus cómics anteriores, pero aquí ha logrado que el lector no se sienta abrumado ante la complicación de la historia. Paciencia no se regodea en la ciencia ficción para tratar de responder las cuestiones del género, como si viajar en el tiempo puede cambiar la historia o si dos versiones de la misma persona pueden existir en la misma realidad, sino que se usa para indagar en los deseos y las motivaciones de sus personajes y contar una historia impactante y emocional. Según Clowes, Paciencia es «un viaje mortal por el tiempo y el espacio a las esencias del amor eterno». Además, dota a este universo de su propia cosmogonía con una serie de imágenes psicodélicas que trasladan lo que él imagina que haría su cerebro si no funcionase de la forma matemática en que lo hace, exponiendo lo que se esconde tras la realidad que percibimos desde el mundo de la experiencia: un surrealismo místico que recuerda a las viñetas del Doctor Strange donde encontramos masas deformes que se mezclan con inquietantes rostros reconocibles y formas geométricas de colorines en la vastedad del cosmos que parecen sacadas de 2001: Una odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1968).

Paciencia (Daniel Clowes, 2016, pp. 3-4). Fuente: The New Yorker.

Las transformaciones que las personas experimentamos con la edad se reflejan totalmente en el cómic. Tras la muerte de Paciencia, Jack pasa a ser alguien muy distinto a quien una vez fue, es un tipo normal que se convierte en un ser vengativo y mucho más malicioso de lo que era. Hasta cierto punto todos somos rencorosos, y aunque intentemos no serlo y ni siquiera queramos viajar en el tiempo para vengarnos, sí que podemos identificarnos en cierta medida con este pensamiento. Al fin y al cabo, tanto Jack como muchos otros personajes que ha creado Clowes a lo largo de su trayectoria son individuos que representan la peor versión de uno mismo, en este caso, una parte de la personalidad de Clowes llevada al extremo. Y claro está, ver que no eres tan malo como ellos también es una forma de terapia.

Pese al cambio en su perspectiva vital, Clowes sigue creando personajes inadaptados y que nadan contra la corriente, dotados de cualidades verdaderamente negativas, a los que cuesta entender y difíciles de tratar; seres ajenos a la masa y a la moralina de sonrisas falsas cuyos problemas se agravan por una incapacidad emocional de traducir en palabras lo que sienten. Eso es justo lo que les pasa a Paciencia y a Jack, y el propio Clowes confiesa que no sabe cuál es la solución, pero trata de buscar la respuesta en cada obra, y aunque cada vez vuelva a fallar, consigue transmitir algo imposible de comunicar con una frase, solo palpable mediante la magia de la ficción, que, a diferencia de la vida real imperada por el caos, ofrece historias cerradas y ordenadas, en las que quizá casi nadie logre entender a estos personajes, pero donde al menos sí acabaremos haciéndolo nosotros.

Paciencia es una bizarra odisea de brillantes colores y personajes inolvidables en la que un Clowes más maduro que nunca nos cuenta una visceral e introspectiva historia de amor y venganza, una mirada a la versión más oscura de nosotros mismos y a cómo cambiamos con la paternidad y la responsabilidad en un viaje a través del espacio-tiempo.

 

Por Marcos Jiménez Lobera

Imagen destacada: The New York Times

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