Un paseo por Luis Bagué

En toda crítica literaria que se precie hay dos elementos que hay que tratar ineludiblemente: quién es el autor y qué libro ha querido escribir (y ha escrito). Identidad y deseo, quién es y quién desea ser. Luis Bagué Quílez es un tipo brillante en todas sus facetas.

Luis Bagué, Paseo de la identidad, Madrid, Visor, 60 pp, 10 €.

Luis Bagué, Paseo de la identidad, Madrid, Visor, 60 pp, 10 €.

Es un filólogo de esos que ahora ya casi uno no se encuentra, un poderoso ensayista, un atinado crítico literario y es un estupendo poeta. Si dijera que solo debemos hablar de su obra poética cometería un grave error pues este autor ha construido un discurso teórico que camina junto a su trayecto poético, si me permitís la metáfora, el pie izquierdo de Luis Bagué es su poesía y el derecho su posición teórica, es decir, que a cada paso, participan los dos y se apoyan uno en el otro, de tal forma que podemos aseverar que quizá sus discursos teóricos y poéticos no deben estudiarse de forma independiente, aunque sí soportarían ese examen, claro, pero desposeerían de una parte fundamental a cada uno de los discursos.

Este poeta-crítico-teórico es un especialista en la poesía de Víctor Botas y es autor del ensayo Poesía en pie de paz, la más lúcida apuesta por entender el concepto de compromiso en la literatura española y que se ha convertido en un libro de referencia para aquellos que hemos intentado comprender algo de todo lo que está sucediendo en la poesía actual, si es que está sucediendo algo, claro. Ha coordinado diferentes antologías, organizado exposiciones, realizado ediciones críticas y un sinfín de cosas a cada cual más interesante y extraordinaria.

Además forma parte de un curioso proyecto de escritura poética compartida con Joaquín Juan Penalva (que es a su vez autor de un estupendo poemario titulado La tristeza de los sabios que recomiendo a todos los lectores), con quien también comparte uno de sus proyectos más ambiciosos y necesario, la revista de poesía Ex libris (sí, todavía existe eso, una revista de poesía y alguien capaz de impulsarla contra viento y marea). Como decía ese tándem poético ha dado verdaderas joyas como Babiblonia mon amour, o el cuadernito clandestino Día del espectador, ambos poemarios cargados de sus dos pasiones: poesía y cine. Puedo presumir de haberlos leído y disfruta y de tenerlos en mi casa, como dos tesoros en medio de esa inmensidad que ha sido la publicación de libros en España (sí, de poesía también) en los últimos veinte años.

Una vez centrado ese quién es Luis Bagué profesionalmente deberíamos adentrarnos en este paseo de la identidad para terminar de dibujar su figura, su personaje literario (que ya inmersos en este pacto de confianza establecido asumimos que como autor adscrito al nuevo realismo superpone el yo real al de su personaje y ambos se funden haciendo uno solo, sin olvidarnos nunca, como acertó a señalar José Luis Piquero, que el hecho de que algo sea autobiográfico no implica que no sea de ficción del mismo modo que algo que sea ficción pueda ser autobiográfico en su concepción).

Paseo de la identidad es quizá el libro más actual, y por lo tanto más marcado temporalmente al tiempo en el que vivimos de todos los poemarios de Luis Bagué. Tanto en Telón de sombras como en Un jardín olvidado su escritura perfilaba la figura de un creador preocupado por la construcción de su identidad y su personaje, es decir, su propia construcción, pero de alguna forma aparecía más ajeno a algunos de los iconos de nuestra sociedad (como el Starbucks, sin caer en los excesos de otras marcas que otros poetas han cometido en la última época).

Paseo de la identidad ahonda en algo que ya había preocupado al autor en anteriores libros, como en Página en construcción(viene a mi cabeza aquel poema titulado «Otraedad») en la que se reflexionaba sobre el otro que escribe, la extrañeza del ser, la alteridad y esa serie de preocupaciones que a todos los teóricos de la postmodernidad nos interesan tanto, sobre ese gran simulacro que lo recorre todo, que nos atrapa y que hace difícil, en muchas circunstancias, entender qué es real, qué no lo es, dónde empieza y termina el sueño o si este, acaso, es ya solo un reflejo de nuestras obsesiones.

Luis Bagué es, como todo buen poeta, hijo de su tiempo y por ello los viajes, el pensamiento, la música y el cine están presentes en su obra. En esta ocasión suma el gusto por el retrato, aunque ya en anteriores teselas de su gran mosaico literario ya habíamos encontrados referencias al arte o la fotografía. «Arte pobre» o «teoría del retrato» son dos poemas que nos indican con su sutileza y elegancia habitual (pues estas son dos cuestiones que no pueden impostarse, o se tienen o no se tienen) que desde lo más sencillo, lo más bajo, se puede alcanzar la mayor cuota de pureza o belleza.

Este es un libro lleno de cosas interesantes de un poeta-crítico como hay bien pocos, uno de esos casos en los que la coherencia define a una persona y su obra. Uno de esos casos en los que uno no solo recomienda un libro, recomienda toda la obra del autor, la poética y la ensayística, y lo recomienda a él, pues pocas veces la poesía y la vida coinciden dotando a un mismo ser de tantas cosas excepcionales.

Por Nacho Escuín

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