Paul Walker dice adiós en «Fast & Furious 7»

Hablar de Fast & Furious 7 implica hablar de Paul Walker, el icono de una saga que llora su pérdida desde diciembre de 2013, cuando el californiano falleció en un mortal accidente de coche. Paradójicamente, no era Paul Walker quien conducía, sino un amigo suyo. En Fast & Furious 7 le veremos de nuevo al volante. Una última vez. Un colofón a una trayectoria actoral que se resquebrajó de la peor forma posible, un resquicio fílmico para darle la despedida que se merece.


Fast & Furious se estrenó internacionalmente en 3D

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A todo gas dejó atrás hace tiempo las carreras ilegales que vieron nacer la saga para subir la apuesta progresivamente hacia niveles más grandilocuentes. Cada entrega eleva el listón un poco más, haciendo que el óxido nitroso de los bólidos sea una anécdota más dentro del hiperbolizado espectáculo audiovisual. Hay vehículos, sí, pero el que se espere encontrar el espíritu callejero de las primeras entregas que se olvide. Esto ya ha desvariado y se parece cada vez más a Los Vengadores (The Avengers, 2012) que a otra cosa, aunque igual que ocurre en la saga de Marvel, ver esta película es como ir al parque de atracciones. Y eso sigue siendo patéticamente divertido. Patético porque una vez que se acaba te sientes vacío; aunque en este caso Paul Walker provoca que ese sentimiento sea diferente, elevando los minutos finales de la película a la categoría de lo memorable. Y divertido porque Fast & Furious 7 es una flipada tras flipada, con sentido del humor —autoparódico— y naturaleza irreverentemente loca.

Pero todo este espectáculo no habría sido posible sin «la resurrección digital de Paul». Quién nos diría hace décadas que después de ridículos como el de Game of Death (1979), un experimento fallido que levantó ampollas entre los fans de Bruce Lee, se lograría devolver a la vida —de forma eficaz— a un actor como así sucede con Paul Walker en Fast & Furious 7. No es la primera vez que se hace, hay otros ejemplos, como el del hijo de Bruce Lee en El Cuervo (The Crow, 1994) o el de Oliver Reed en Gladiator (2000), aunque el resultado no es tan bueno como el que esta película demuestra que se puede lograr a día de hoy.

En el caso de Game of Death el sinsentido fue de proporciones bíblicas, ya que Bruce Lee tan solo había rodado una secuencia de la película antes de su muerte. Fue la mítica de la pagoda, ataviado con el traje amarillo que inspiró el que Uma Thurman llevaría en Kill Bill. El caso de Fast & Furious 7 es diferente, ya que el material grabado por Paul antes de su accidente mortal correspondía a más de la mitad de sus apariciones en la película. Al compartir protagonismo con otros actores, son pocas las escenas donde se le tuvo que recrear digitalmente. Aún así, el trabajo de reconstrucción facial realizado por WETA Digital, el estudio de animación fundado entre otros por Peter Jackson (El señor de los anillos), es encomiable. Aunque esto no habría sido posible sin los dos hermanos de Paul Walker, que guardan un parecido increíble con él y ayudaron a Universal en el proceso.

A diferencia del caso de Bruce Lee, donde a mi juicio no se tuvo ni un ápice de respeto por el fallecido, todo el esfuerzo por devolver a Paul Walker a la vida en Fast & Furious 7 sí resulta ser un homenaje. Una bonita despedida de todos sus amigos y familiares que bien podría, ya de paso —y de forma muy acertada— marcar el punto y final de esta franquicia. No existe mejor broche de oro. Sin embargo, la pela es la pela, y rápidamente, antes incluso de su estreno en España el pasado 2 de abril, Universal ya confirmó que habría próxima entrega.

Ya vamos por Fast & Furious 7, así que muchos neófitos de la saga pensaréis que entrar al cine sin haber visto las anteriores es de locos. Y bueno, probablemente sea así, aunque tampoco es un drama. El guion aquí no es lo más importante. Además, ¿quién no ha visto alguna vez una película de la serie? En Fast & Furious 7 se hace referencia a casi todas las entregas anteriores, incluida la tercera —que estaba casi olvidada—, aunque esta es en realidad una secuela directa de la sexta. Aun así, pese a que es recomendable haber visto las anteriores, al inicio de la película se revela suficiente información como para seguir el hilo sin ningún problema. La trama en ese sentido es muy simple y todo se resume a que el equipo liderado por Torreto (Vin Diesel) y Brian (Paul Walker) debe unirse una vez más ante la amenaza común: un asesino británico (Jason Statham), entrenado para realizar operaciones secretas, que quiere vengarse de ellos por la muerte de su hermano Owen Shaw.

El personaje de Jason Statham es plano y clónico, idéntico al de otras de sus películas de acción, aunque la gracia precisamente está en ver su repertorio de patadas y puñetazos al servicio de Fast & Furious, enfrentándole a moles como The Rock o Vin Diesel. Es fan service a tope, una apuesta tan pasada de vueltas que por momentos oscila entre dos polos: la genialidad o el ridículo. Depende de cada uno donde caiga la moneda. Para mí, los excesos de Fast & Furious son tan necesarios como endiabladamente divertidos.

Fast & Furious está protagonizada por Vin Diesel, Paul Walker, Michelle Rodriguez, Jordana Brewster, Tyrese Gibson, Chris Bridges, Dwayne Johnson, Lucas Black y Jason Statham

Fast & Furious está protagonizada por Vin Diesel, Paul Walker, Michelle Rodriguez, Jordana Brewster, Tyrese Gibson, Chris Bridges, Dwayne Johnson, Lucas Black y Jason Statham

James Wan (Saw, Insidious, The Conjuring) es el director de esta séptima entrega. Y aunque en este tipo de sagas normalmente la figura del realizador pasa a un segundo plano, esta vez cobra un interés extra, ya que es su primera película fuera del género de terror. Es como cuando Brad Bird se puso a los mandos de Misión Imposible: Protocolo Fantasma (2011). La expectación por ver qué era capaz de hacer con una película no animada era máxima.

El creador de Saw cambia en Fast & Furious 7 los sustos por los bólidos enviando un mensaje claro a Hollywood: no quiere  encasillarse en un único género. Y lo consigue con un film sólido que brilla muy por encima de otras entregas de la serie. James Wan consigue un ritmo trepidante cuando Fast & Furious 7 está en su salseo habitual de persecuciones y acción, pero también sabe darle equilibrio al film, intercalando esa locura con escenas más pausadas donde busca la emotividad. Además, los micro videoclips de presentación de las ciudades en las que transcurre la acción también son un acierto. James Wan construye con esas escenas una estética muy apropiada para la serie, con un uso interesante de la cámara rápida y una elección muy acertada de la música, elemento clave en Fast & Furious.

Sin embargo, en las escenas relajadas, esas necesarias para bajar revoluciones, girar un poco y después volver a insuflar nitro, se nota que la película se gripa y no da para más. No llega a ser motivo de siniestro, pero son momentos en los que deberías empatizar más con los personajes y donde no lo haces, pese a que James Wan logre que «actores» como Dwayne Johnson sean más expresivos que una lámina de piedra. En ese aspecto, el mensaje de que la familia es lo más importante que tenemos solo me convence cuando Paul Walker es el que está en pantalla. Más por lo que le ocurrió que por la propia película en sí. El valor del film creció con su muerte, eso está claro, aunque en este caso la película no me parece ventajista —como sí que percibo, por ejemplo, cada vez que Michael Jackson saca un disco póstumo—. Aquí me creo el homenaje y la despedida me parece preciosa. Preciosa, pero necesaria.

Y al final, sobre el fondo blanco, se lee «para Paul», sinécdoque de Fast & Furious 7. Un rezo del que me hago eco para despedir este texto. Y lo hago con una canción que os invito a escuchar: «See You Again», el tema que suena en los créditos de la película. ¡Descansa en paz, Paul!

 

Por Juan López

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