Quentin Tarantino: melómano a prueba de modas

Hay cineastas que deben buena parte de su reconocimiento a la banda sonora original de sus películas, muchos otros también han trascendido en la historia del cine en buena medida por los temas famosos usados en sus películas. Entre estos últimos podemos pensar ejemplos como Wes Anderson (Academia Rushmore), Martin Scorsese (Uno de los nuestros) o Stanley Kubrick (2001: Una odisea del espacio), pero si hay uno capaz no solo de crear momentos inolvidables con su mezcla de imagen y viejas músicas, sino también de volver a poner de moda todo un género, ese es Quentin Tarantino.


El pasado 16 de marzo fallecía a los 81 años el llamado «rey de la guitarra surf», Dick Dale. A él se le atribuye la invención del surf rock y también es responsable de la creación del primer amplificador de 100 W (debido a los numerosos amplificadores que rompió por tocar a un volumen excesivo). Su tema más famoso fue Misirlou, una composición tradicional griega que Dale versionó en 1962, muy conocida por su influyente uso de la reverberación y por haber aparecido en los créditos de inicio de Pulp Fiction (1994). Aunque el escenario habitual de Pulp Fiction y la imaginería del surf poco tienen que ver, Tarantino consiguió que de alguna forma el tema pasase a ser sinónimo de la película.

Tarantino también fue el primero en ser galardonado con el premio Music and Film, creado en los Premios de la Crítica Cinematográfica de 2011 para honrar al cineasta por su efectivo uso de la mezcla de música y cine en sus, hasta entonces, seis películas (si consideramos Kill Bill como una única pieza). El director de Tennessee decía que le gustaba pasar el tiempo en su habitación, haciendo sonar sus discos mientras escribía escenas que los acompañasen. A día de hoy sigue haciendo lo mismo y, de hecho, tiene una enorme colección de discos a la que acude a bucear cuando necesita música para sus filmes, buscando el sabor de la película, el ritmo adecuado.

Tarantino es un genio a la hora de seleccionar la música de sus escenas, eso se suele dar por asumido sin discusión. Pero… ¿por qué? Quizá la razón por la que su música funciona tan bien es porque no solo la usa para cubrir una escena, sino que la música está ahí con un propósito verdadero. Trata de crear algo divertido y ordenado y no una simple colección de canciones, intenta darle algún tipo de personalidad. Además, sus bandas sonoras también incluyen algunos diálogos que se pueden escuchar y disfrutar por sí solos, fuera de contexto. Y al igual que con actores y géneros cinematográficos, ha hecho resurgir canciones y géneros musicales venidos a menos, poniéndolos de nuevo en el terreno de juego.

Esto lo ha logrado desde el principio. Reservoir Dogs (1992) destacaba por la mezcla de la estética retro y de serie B, el dominio del tiempo narrativo, los brillantes diálogos y, cómo no, un uso de la música sencillamente perfecto. Reservoir Dogs no tenía banda sonora original; en su lugar, incorporaba temas setenteros que los personajes escuchaban en la radio y que servían como un irónico contraste entre ese pop folk optimista y la violencia gráfica mostrada en pantalla, haciendo suyas unas cuantas canciones casi olvidadas como Little Green Bag (George Baker Selection, 1970) o Stuck in the Middle with You (Stealers Wheel, 1972). Es prácticamente imposible escucharlas y no pensar al instante en la película. Eso sí, tanto Reservoir Dogs como Pulp Fiction hubieran sonado muy diferentes sin el trabajo de la legendaria supervisora musical Karyn Rachtman, que consiguió los derechos de Stuck in the Middle with You tras una complicada negociación y también trabajó con Tarantino en su siguiente película.

Hay veces en las que Tarantino piensa que cierto tema podría ser una buena opción para un momento cinematográfico concreto, pero sus personajes y su material tienen que venir primero. Cuando encuentra una buena pieza de música que le gustaría usar… esta está esperando al matrimonio perfecto.

―¿Cuál es tu matrimonio favorito entre sonido y visión?
―Solo por la carga de rock visceral, creo que tendría que ser Misirlou

Quentin Tarantino en The Culture Show

Music from the Motion Picture Pulp Fiction (1994). Fuente: Discogs.

Para Tarantino, el tema que abre la cinta es el más importante; una de las cosas que le ayudan a solidificar la idea de que va a hacer una película es encontrar el tema de inicio apropiado. La elección de Misirlou para su siguiente obra no venía dada por ninguna temática surfera, sino por ese tono rock and roll, spaghetti western y blaxploitation que le sugería la versión de Dale. Plagada de diálogos y personajes absolutamente memorables y narrada de una imaginativa forma no lineal, Pulp Fiction contaba con una banda sonora hecha a base de recontextualizar gemas perdidas de la era del vinilo, especialmente aquellas de la intensa música surf que además se revitalizaron comercialmente gracias a la película. El soul, el rock and roll, el country y el pop van de la mano en una banda sonora que acercó los sonidos del pasado a los adolescentes de la generación X.

Sin embargo, el mayor homenaje de Tarantino al cine blaxploitation llegó también con su película más convencional, Jackie Brown (1997), adaptando una novela de Elmore Leonard e imaginando lo que podría haber sido de uno de los personajes clásicos de Pam Grier 20 años después. Tarantino usó como tema principal Across 110th Street (Bobby Womack, 1972), una canción sobre el crimen y la dura vida en las calles que vuelve a sonar cuando Jackie la escucha y canturrea en el coche, haciendo suya la letra de la misma forma en la que Tarantino se apropia de tantas otras canciones, películas, etc.

Kill Bill Vol. 1 Original Soundtrack (2003). Fuente: Amazon.

El pastiche de anime, estética setentera, artes marciales, cine wuxia, blaxploitation y spaghetti western que fueron Kill Bill: Volumen 1 (2003) y Kill Bill: Volumen 2 (2004), llevaba como música el ultimátum de la manguera de referencias que representa Tarantino. Del flamenco de Lole y Manuel (que no sería el último grupo español usado por Tarantino) a las piezas de otras bandas sonoras de Luis Bacalov, Bernard Herrmann o Ennio Morricone. De Nancy Sinatra a Johnny Cash pasando por RZA o Isaac Hayes. Todo se entremezcla en esta banda sonora tan omnívora como el propio Tarantino, dando el ritmo perfecto –aunque mejor cohesionado en la primera mitad– a la historia de venganza de Beatrix (Uma Thurman). A partir de aquí, las bandas sonoras del cine de Tarantino han ido a menos, pero nos han dejado algunos momentos realmente buenos.

A veces utiliza sus propias copias de los discos para sus películas, ya que esa es la forma a la que está acostumbrado a oírlos, y, de hecho, la jukebox que vemos en Death Proof (2007) pertenecía al propio Tarantino. Además, si usa una pieza musical de una película, casi nunca lo hace para crear el mismo efecto que generaba en la película original; de hecho, suele usarlas para crear un efecto opuesto. Parte de la gracia es la dicotomía de lo que era entonces y lo que es ahora. Algo que quedó patente en Malditos bastardos (2009), en la que se hacía un uso del tema de David Bowie Cat People (Putting Out Fire) mucho más interesante que en su película original. Morricone no pudo encargarse de la banda sonora de Malditos bastardos, pero esta incluía varias piezas de películas previas pertenecientes al legendario compositor. Donde sí pudo trabajar con Tarantino fue en Django desencadenado (2012), y a pesar de que Morricone declaró que aquí se usó su música sin coherencia y que no volvería a trabajar con él, la banda sonora (ahora original casi en su totalidad) que nos dejó en Los odiosos ocho (2015) fue un gran acierto.

Para sus detractores, Tarantino es poco más que un autor referencial, que corta y pega de aquí y de allá, imitando a todo el mundo, pero haciéndolo peor. En cualquier caso, siempre recuerda lo que dijo Jim Jarmusch: «Nada es original. Roba de cualquier lado que resuene con inspiración o que impulse tu imaginación. Devora películas viejas, películas nuevas, música, libros, pinturas, fotografías, poemas, sueños, conversaciones aleatorias, arquitectura, puentes, señales de tránsito, árboles, nubes, masas de agua, luces y sombras. Selecciona sólo cosas para robar que hablen directamente a tu alma. Si haces esto, tu trabajo (y robo) será auténtico. La autenticidad es incalculable; la originalidad es inexistente. Y no te molestes en ocultar tu robo, celébralo si tienes ganas. En cualquier caso, siempre recuerda lo que dijo Jean-Luc Godard: “No es de donde sacas las cosas, es en donde las pones”» (Jim Jarmusch’s Golden Rules).

Lo que no se puede negar es que Tarantino es uno de los cineastas más influyentes de su generación y su particular forma de mezclar el legado de otros lo sitúa como un icono del cine tan importante y tan imitado como aquellos a los que el propio maestro de la violencia ha mostrado su respeto y admiración. Recoge todo lo que ve, lo que lee y, por supuesto, lo que escucha, para crear algo nuevo, con estilo propio; un soplo de aire fresco lo bastante impactante como para haber derribado (quizá por primera vez) la barrera entre la baja y la alta cultura, desdibujando la línea que separa cine de autor y cine para el gran público. Para Tarantino el cine lo es todo, pero el suyo no sería lo mismo para nosotros sin la música que lo acompaña.

Si pones la correcta pieza musical con la escena correcta, la secuencia correcta, entonces, realmente pienso que quizá esa es la cosa más cinemática que puedes hacer

Quentin Tarantino en The Culture Show

Para el tráiler de la que será este verano su nueva película, Érase una vez en Hollywood, Tarantino ha usado una canción del grupo español Los Bravos, Bring a Little Lovin’, que yo particularmente no había oído y que ahora no puedo dejar de escuchar ni de asociar a las poderosas imágenes del tráiler. También resulta paradójico que en 45 revoluciones (Ramón Campos y Gema R. Neira, 2019), la recién estrenada serie sobre una discográfica de los 60 dedicada al pop español, hayan preferido a Lady Gaga y sea Tarantino quien venga a recuperarlos. Supongo que hay veces que lo más moderno es ser un clásico.

Álex de la Iglesia contaba en una ocasión que cuando tuvo la oportunidad de cenar con Tarantino, este solo hablaba de cine y le preguntaba acerca de cine español absolutamente arcano e ininteligible que a Álex de la Iglesia no le sonaba de nada. Precisamente ahí radica parte de su esencia. Tarantino es una enciclopedia cinematográfica y también musical, es posible que su cine ya no sorprenda tanto como en los 90, pero su ecléctico gusto a la hora de seleccionar la música le permite poner de moda una canción con solo hacerla sonar en su película, lo que demuestra que Tarantino es todo un melómano que se mantiene en la cresta de la ola.

 

Por Marcos Jiménez Lobera

Imagen destacada: reddit

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