Sandra Santana la escapista

El ilusionismo es acaso una de las grandes maravillas de la humanidad. Aquellos que son capaces de hacer creer a los demás en algo que no existe, pues siempre tras la ilusión hay un truco, poseen un don, como el de la belleza o el de la ebriedad, que no está al alcance de todo el mundo. Entre los ilusionistas hay un mito, el del escapista, aquel capaz de deshacerse de toda cadena, mordaza o cámara acorazada que se precie, y Houdini reside en el alma de todos los que necesitamos escapar de algo, aunque no poseamos ese don, ese preciado gen. Sandra Santana es una ilusionista de primera, capaz de ocultar tanto el prestigio que no hay manera de saber que exista, aunque este sea inherente a la propia existencia del mismo. Es una escapista destacada y una poeta excepcional.


Sandra Santana, Y ¡Pum! Un tiro al pajarito, Madrid, Arrebato Libros, 2014, 41 pp, 7€

Sandra Santana, Y ¡Pum! Un tiro al pajarito, Madrid, Arrebato Libros, 2014, 41 pp, 7€

Es excepcional por su brillantez y su inteligencia, y lo es también, claro, por su poética que solo tiene parangón en España en las poéticas de Alberto Santamaría (muy grande, también) y en la atrevida tentativa de Ben Clark (que divierte y fascina al mismo tiempo). El director de la colección ¡Arre!, que edita el sello y librería madrileña Arrebato Libros (interesante y necesaria), Martín López-Vega demuestra que sabe todo lo que decimos en estas líneas y que tiene un instinto poético superior a la media, por eso elige a sus autores con este tino y está construyendo una colección que merece nuestros mejores estantes de la casa.

Y ¡Pum! Un tiro al pajarito es un poemario filosófico, experimental y juguetón. Un texto «marca de la casa» con poemas que lucen en cualquier lugar (prueben a leerlo en la noche más oscura y encontrarán la luz necesaria), de títulos largos o larguísimos que juegan a despistarnos hasta que el lector entiende que esta autora no da puntada sin hilo, y que tras esa larga sucesión de palabras, tras su «blablablá», hay toda una forma de entender la concepción poética.

Esto no es una novedad en la literatura de Sandra Santana, ya lo habíamos visto en Es el verbo tan frágil (Pre-Textos, 2008), pero quizá nunca de un modo tan divertido, tan mordaz y desvinculado de todo lo aparentemente sagrado en la estructura poética. Eso me gusta, me encanta saber a la escapista liberada de toda carga, libre en el verso y en el poema, pues ha conseguido «Liberarse de la cárcel del texto sin atravesarlo».

En la paradoja obligatoria en la que el individuo se embarca en la búsqueda de la libertad hay trampas que ni la mejor funambulista puede superar, y esa asunción de la realidad está muy presente también en esta ilusión que nos presenta: «Pero no siempre se acierta. A veces se puede ver el recorrido exacto, la elevación y el descenso marcados con nitidez en el aire y, sin embargo, caer al agua. Porque perdiste la concentración, porque después de todo —de esto se ocuparán de informarnos cuando lleguemos empapados a la orilla— no había puente».

Reconozco mi predilección por el poema titulado «Tipología de las cintas invisibles que aprisionan las muñecas y tobillos de quienes pasean con sandalias y vestidos livianos sin saberse objeto de una composición» así como del incontestable «Si no te ocupas de la política, algún día la política se ocupará de ti: un apunte sobre la idiotez, la más enternecedora y cruel enfermedad endémica del ser humano», pero todo el libro está repleto de joyas y versos sueltos que les fascinarán.

Vivirparaleer

 

 

 

 

Por Nacho Escuín

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