Sobre los «spoilers»: obsesión, uso en publicidad y beneficios

Recientemente hemos asistido a los dos finales del cine y la televisión más esperados de la década: Juego de tronos (David Benioff y D. B. Weiss, 2011) y Vengadores: Endgame (Anthony y Joe Russo, 2019) terminan de una vez por todas lo que hemos vivido a lo largo de los últimos 8 (o 23, si contamos los libros) y 11 años, y una de las obsesiones que más ha florecido estos días ha sido la del miedo al spoiler, dejando de paso algún incidente violento por el camino.


La campaña de marketing de la de los hermanos Russo ya incluía la petición de no destripar la película mediante un vídeo con el reparto y el hashtag #DontSpoilTheEndgame. Hace menos todavía, el tráiler de Spider-Man: Lejos de casa (Jon Watts, 2019) nos avisaba de que contenía spoilers de Vengadores: Endgame, así que, si no la habías visto, ya estabas tardando, y Quentin Tarantino también se ha sumado al carro pidiendo en Cannes que no destripasen Érase una vez en Hollywood (2019). Parece algo muy de los tiempos que corren, pero esta histeria lleva décadas en funcionamiento.

Publicidad de Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960). Fuente: Twitter.

Ya en películas como Testigo de cargo (Billy Wilder, 1957) una voz en off te pedía que no contaras el final, y Alfred Hitchcock fue uno de los pioneros de la obsesión del spoiler con la promoción de Psicosis (1960), no solo lanzando el mensaje «no reveles el final, es el único que tenemos» (aunque los que pusieron el título en Portugal no hicieron mucho caso), sino también prohibiendo entrar a la sala con la sesión comenzada, los pases privados para prensa y las entrevistas a sus actores, e incluso intentando sacar de circulación todo ejemplar de la novela original de Robert Bloch. A pesar del miedo inicial de los propietarios de los cines, la película tuvo un éxito sin precedentes. Hitchcock también era un genio del marketing.

Efectivamente, la obsesión con el spoiler funciona como un perfecto gancho comercial porque vas a querer ver esa película antes de que te la puedan destripar y porque si tanto se comenta es que tiene que merecer la pena, pero conviene pararse a reflexionar sobre qué hace que algo sea verdaderamente considerado como un spoiler. El término se refiere a información realmente importante del relato, pero esto puede ser algo relativo: hay quienes prefieren alejarse del famoso «de qué va» porque suele implicar el detonante de la historia (que siempre sucede al principio, pero puede suponer la muerte de algún personaje, por ejemplo) y un Sheldon Cooper de la vida preferirá no saber ni siquiera qué tal está. Sea como sea, lo que nos afecta normalmente no es tanto el qué sucede al final de una historia, sino el cómo y, especialmente, el porqué. De qué forma las motivaciones y los deseos de los personajes se traducen en acciones.

Y hay spoilers y spoilers, es cierto. Algunas películas, por muy buenas que puedan ser, repiten patrones tan similares y estructuras tan gastadas que resultan particularmente predecibles, y la gracia de muchas otras no reside en el spoiler porque no hay mucho que destripar en algunas películas basadas en hechos reales, de cine de autor, minimalistas, experimentales, etc. En el otro extremo están películas como las de David Fincher o M. Night Shyamalan, en las que a menudo se utiliza la epifanía para dejarnos con el culo torcido mediante sus finales sorprendentes. Pero por mucho que sea importante prevenirse del spoiler, las virtudes de estas obras no residen únicamente en la sorpresa final y el «ya no hace falta que la vea» cuando uno sabe cómo acaba puede ser un gran error.

El spoiler no siempre tiene una connotación negativa; desgranarlos es necesario para analizar una obra e incluso a veces conocer el final te lleva a disfrutarla más. Nicholas Christenfeld y Jonathan Leavitt realizaron un experimento psicológico en 2011 que probó que los sujetos a los que habían destripado una historia disfrutaron más que aquellos que la descubrieron sin conocer nada, y antiguamente algunas campañas publicitarias solían destripar sucesos importantes o incluso el final de toda una historia, lo que sorprendentemente le parecía bien a la gente, como sucedió con la muerte de Chanquete en Verano azul (Antonio Mercero, 1981). Luego están casos tan de sobra conocidos y carentes de toda lógica como el título español de Rosemary’s Baby (Roman Polanski, 1968) o el cartel de El planeta de los simios (Franklin Schaffner, 1968), en el que se utilizó el spoiler en sí mismo como herramienta de marketing, y no el miedo a este, como suele suceder ahora.

Es cierto que hay muchas historias tan monumentales que ya no es solo que no te canses jamás de verlas (leerlas, jugarlas…), sino que directamente ganan con cada visionado, y cada vez que las revisas encuentras nuevas cosas o las ves con otra lente, ya sea porque conociendo información de antemano te fijas en otros detalles o porque sencillamente tú no eres la misma persona que eras hace unos años, pero eso no quiere decir que la forma idónea de ver una película por primera vez sea conociendo los hechos, más bien todo lo contrario, y esa inmunidad al spoiler denota cierta indiferencia ante lo que sea que te quiera contar el autor.

#NoSpoilersInHollywood. Fuente: Twitter.

Esto también se puede aplicar a los videojuegos en los que si te dicen lo que tienes que hacer para superar cierto obstáculo ya no vas a disfrutar de la misma forma que si llegaras a superarlo por tu propia inteligencia o habilidad. Es posible que la próxima vez que te enfrentes a ese jefe o a ese puzle que tanto te costaron al principio lo disfrutes más porque hayas retenido información y repares en nuevos matices que ignoraste por completo en su momento, pero que la primera vez debería ser sin trampas de ningún tipo para experimentar la obra tal y como quería su autor queda fuera de toda duda, y por muy exagerada que sea la obsesión que hay contra los spoilers a veces sencillamente no es suficiente. Igual disfrutas más porque es más sencillo o en el caso de una obra de terror te asustas menos, pero ese no era el objetivo.

 

Por Marcos Jiménez Lobera

Imagen destacada: YouTube

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *