Bendito sea el traductor

Conocí a Juan Antonio Tello hace ya unos cuantos años. A qué velocidad pasa el tiempo. Sabía de él por sus estudios sobre la obra de Félix de Azúa, sus primeras traducciones de Vian y lo descubrí como enorme poeta a través de Páramo (Premio Delegación del Gobierno de Aragón, Aqua, 2007)