Tres pódcast alternativos que no conocen los turistas y que ya son cordon bleu

Volvemos a echar mano del tema de los pódcast, esta vez para traeros tres insólitos programas, algunos más desconocidos que otros, pero todos enmarcados en el ámbito del humor: humor metafísico, humor ácido, posthumor, etc. Tres pódcast al margen de lo convencional que no van de nada en concreto y al mismo tiempo van de todo. Seguid leyendo para descubrir las increíbles bondades de varias alternativas que pasarán a ser los audios de cabecera de los fans de genios como Miguel Noguera o canales como Haciendo la mierda.


INFRASHOW – MIGUEL NOGUERA: «Hablar sin parar de ese hablar sin parar»

Miguel Noguera, (Las Palmas de Gran Canaria, 1979) es conocido fundamentalmente por su espectáculo enmarcado en el contexto del posthumor llamado Ultrashow, consistente en la presentación de una serie de contenidos o ideas de forma oral o a través de ilustraciones. Noguera también ha recogido estas ideas en otro formato distinto al Ultrashow a través de la publicación de diferentes libros y, además, hace dos años comenzó un nuevo proyecto, esta vez por medio de un pódcast: el INFRASHOW.

Lejos de tratarse de una adaptación de su obra habitual al medio radiofónico, el INFRASHOW plantea una nueva forma de crear contenido mediante la improvisación sobre el propio acontecimiento de la grabación que está teniendo lugar en ese momento. Podríamos decir entonces que este pódcast carece de contenido, o más bien que el contenido es el concepto mismo del pódcast, un «metapódcast» –o un metacontenido– en el que el emisor hace todo lo que puede por no salir de su línea argumental sin dejar de referirse a ella.

En los Ultrashows también han aparecido recursos semejantes a la estructura de este pódcast, en los que Noguera, basándose en la lectura de un texto, establece un diálogo entre el Miguel Noguera autor del texto y el Miguel Noguera del presente que lee ese texto, reflexionando sobre las dos entidades con un tono más cómico.

Noguera siempre ha defendido su autonomía frente al ámbito humorístico, a pesar de que su éxito haya surgido en ese sentido; y este pódcast es, probablemente, el mejor ejemplo de esa voluntad. Escuchando cualquier programa se puede apreciar rápidamente que el autor no pretende conseguir ningún tipo de desarrollo cómico, sino, en todo caso, experimental. Esto se refleja notablemente en el seguimiento que tiene cada una de las facetas del autor, quedando el INFRASHOW muy lejos del interés que suscitan sus otras creaciones. Noguera es evidentemente consciente de esta situación –probablemente desde la proyección del pódcast–, pero está claro que no se trata de un condicionante en su obra.

Más allá de la atracción que pueda o no originar esta propuesta y del sentido que uno quiera darle, se trata de una rareza dentro del panorama creativo actual de Internet. Sin embargo, podemos verla como una radicalización de la superficialidad de la creación de contenido: una muestra de una victoria aplastante de la envoltura sobre el argumento.

El Renacimiento: «Los gritos se los lleva el viento pero por desgracia, la soberbia humana aprendió a inmortalizarnos mediante tecnología»

«Escuchemos al padre Beñat», como reza el impressum de este grupo asentado en Barcelona que no deja de sacudir nuestras mentes con cada programa. Escuchémosle a él y a sus acompañantes divagar sobre cualquier cosa que se les pase por la cabeza: desde las yonkilatas hasta numerosos aspectos relacionados con el trabajo o la política, pasando por una serie de desternillantes consejos para distinguirse de los violadores, todo ello rodeado por un aura que subraya la decadencia de nuestra sociedad actual. Siempre tienen algo interesante que aportar, una forma distinta de ver las cosas, de darle la vuelta a la tortilla y, en definitiva, de hacer humor y de reflexionar al mismo tiempo, pero desde perspectivas muy originales. Y no es un programa de humor exactamente, al menos no del todo.

Conforme suena el pop metafísico de Ferran Palau, la primera temporada nos transporta (metafóricamente) al fin del mundo. «El mundo tal y como lo conocemos se ha destruido. Sólo quedan tres individuos en un sótano comentando todo lo que hicimos mal como sociedad. Beñat Revuelta, Guillem Miró y Ariel Fernández son los supervivientes. Al no haber oyentes que los escuchen, sus reflexiones se pierden en el aire sin miedo al qué dirán ni a la censura». Unidos por un desmesurado odio hacia Carlo Padial, el trío va vomitando su adictiva verborrea a lo largo de diez capítulos para acabar descubriendo que no están solos; entre los supervivientes a la hecatombe se encuentra un tipo vasco pornófilo, Álvaro de Marichalar o algunos tipos aburridos en el metro. En el penúltimo programa, Beñat se queda solo divagando mientras Ariel y Guillem salen a buscar comida. Parece que hubo suerte. Incorporando por primera vez el vídeo, el último capítulo lo pasan en un badulaque en perfectas condiciones donde encontraron por fin a Rubén, con el que habían conseguido hablar por teléfono en anteriores programas y quien sustituirá a Ariel en la siguiente temporada.

Después de meses encerrados en el búnker y tras una imitación de Pantomima Full, descubren que el mundo no se ha acabado. ¿O quizá sí? En la segunda temporada abandonan el oscuro sótano para subir hasta lo alto de una azotea donde graban (ahora siempre en vídeo y por la noche) su programa «conscientes de que este barco al que muchos se empeñan en llamar sociedad hace años que se ha hundido y yace en el fondo del armario, sin iceberg, sin diamantes, sin esperanza». Beñat (el más metafísico del grupo, quien, por cierto, también es cantautor) vuelve a darnos la bienvenida a cada programa con un texto espectacular mientras Guillem y ahora Rubén aguardan con los ojos cerrados y la cabeza agachada a que acabe la introducción. El ya clásico temazo de Antonia Font sigue dando paso a la sección de Guillem (el punto más cínico del programa y creador de la serie Historias Histriónicas) y también Rubén (la locura controlada) nos deleita ahora con maravillosas frases hechas («no lo conocen los turistas» para referirse a algo desconocido o «ya es cordon bleu» para algo que es muy bueno, etc.), ideas y anécdotas (destacando su encontronazo con Nena Daconte o la del bebé de sus vecinos). Algunas novedades de la temporada incluyen las invocaciones a Miguel Noguera y a Haciendo la mierda (quienes se prestan a una entrevista tras años en las sombras), un programa especial en el hospital debido a que Beñat estaba ingresado, un capítulo diurno o las recientes entrevistas en la calle.

Además, debido a la escasa duración de cada capítulo (una media de 38 minutos) es imposible no quedarnos sedientos de las imaginativas propuestas del fantasioso trío; La Mirada Working Class, La muerte de Joaquín Sabina, La Escala de Ian, Consumo Tántrico… son solo algunas de las muchas ideas locas y reflexivas que han aparecido en el pódcast del momento. El pódcast antirresaca. El primer pódcast de humor metafísico.

La Caja: «No hay guión pero sí un montón de gilipolleces»

Si podemos escoger entre la radio convencional, disfrutar de los sonidos del mundo real o esta misteriosa caja… Nos quedamos con La Caja.

«¡La caja, la caja, la caja!»

Un pódcast paralelo a El Renacimiento (pero en Galicia) es el que tienen los chavales de La Caja, un grupo que hace bromas similares y que ya ha sido invitado por los de Barcelona para hacer un crossover al que Beñat se ha referido como lo que sería «una hermandad entre pódcast de mierda». Aunque los chicos de La Caja rectificaron en el sexto programa y en principio ya no recomiendan El Renacimiento, habrá que ver en qué queda la cosa finalmente.

Boris, Manu y Bruno dejan que brote el humor a base de la improvisación. Nos proponen un pódcast totalmente off topic. Un programa sin guion en el que tres personas se juntan para tener una conversación poco convencional llena de teorías conspirativas e hilarantes chorradas varias. Cada uno trae sus temas sin que el resto los conozca previamente, tampoco dicen tener conocimiento sobre lo que hablan, pero deciden grabarlo igualmente, lo que rompe con la que es una de las bases para muchos veteranos podcasters: tener claros los contenidos que compartir. Sea como sea, ya han bromeado en Twitter con la forma en la que planean sus programas. Este grupo de La Coruña cuenta por ahora con una sola temporada de siete programas (con una duración media de unos 55 minutos cada uno), pero ya apunta maneras para convertirse en una de las propuestas más frescas de los pódcast de humor alternativo y Boris ya ha dejado caer que la segunda temporada vendrá pronto.

El título está sacado, como no podía ser de otra manera, de la mítica escena de Los Simpson (Matt Groening, 1989) en la que Burns y Smithers tratan de efectuar un soborno dando a elegir entre una lavadora o una secadora o cambiar ambas cosas por lo que hay en una caja. Un pódcast con el que preguntarse quién tendría más derecho a comerse a una persona en un hipotético caso de canibalismo, recordar las películas de los Hot Wheels que daban con los cereales y otros juguetes estrambóticos de nuestra infancia, reflexionar sobre la jerarquía de los personajes de Disney con la incongruencia dada por las diferencias entre Goofy y Pluto y muchas otras fascinantes y absurdas propuestas.

No sabemos qué nos encontraremos en el siguiente programa, pero frente a la idea de indagar más sobre temas que ya conocemos y que nos gustan, a veces simplemente es más estimulante dejarse llevar por el misterio y la emoción de elegir La Caja.

 

Por Andrés Jiménez Lobera y Marcos Jiménez Lobera

Imagen destacada: Facebook

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