Un viaje por el Settecento italiano

CaixaForum Zaragoza acoge —de forma exclusiva en España— 45 obras de 30 artistas distintos, procedentes de los Staatliche Museen zu Berlín, que ofrecen una visión panorámica del Settecento italiano. La evolución y variedad de la pintura dieciochesca italiana se exhibe al alcance de todos los aragoneses de la mano de algunos de sus pintores más sobresalientes, procedentes de distintas ciudades italianas; un reflejo de un siglo donde se estaba dando una transformación en el pensamiento y el gusto de la sociedad. La exposición se divide en cuatro áreas temáticas que destacaban en la pintura e inquietudes de este siglo.


Grand Tour

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Giovanni Antonio Canal, Canaletto. La iglesia de Santa Maria della Salute vista desde el Gran Canal de Venecia (antes de 1730)

Italia se mantenía fragmentada en dieciocho estados y esta división hizo que cada capital quisiese mostrar su patrimonio cultural y natural. Por otro lado, las altas esferas desarrollaron un gran interés por el Grand Tour, un viaje cultural que ahondaba en la herencia histórica, mostrando especial interés en la antigüedad clásica. Esto llevó a la proliferación de las vedute, género que mostraba los lugares más destacados de cada capital. No solo podemos considerarlas obras de arte, su objetivo también era mostrar acontecimientos importantes. Este tipo de género pictórico se desarrolló por toda Italia, pero tuvo una influencia más marcada a nivel internacional en Venecia. En algún caso, el realismo temático se mezcló con la imaginación y la fantasía, como en Paisaje fantástico con ruinas clásicas de Giovanni Paolo Pannini donde se fusiona el paisaje bucólico con las ruinas clásicas.

 

En cada hogar

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Giuseppe Maria Crespi, Madre con su hijo (1700-1708)

El ascenso la burguesía en la escala social hizo que comenzara a formar parte del mercado artístico. La vida privada pasó a ser un asunto de interés y esto llevó a la creación de obras que reflejaban distintas realidades sociales. Aparecen manifestados en la exposición temas triviales dentro de la cotidianeidad como la obra Madre con su hijo de Giuseppe Maria Crespi.

Asimismo, el retrato destacó como forma de representar esa intimidad, e incluso surgieron retratos de fantasía como El hombre con traje oriental de Giovanni Domenico Tiepolo.

Y el reflejo de lo que ocurría en cada hogar sirvió también como oportunidad  para la creación de ironías. Este es el caso de la obra La lección de música de Pietro Longhi, donde una joven está siendo cortejada por un caballero en presencia de un fraile y su maestro de música.

También la ciencia comenzó a generar un especial interés entre todos los estamentos y, por ello, aparece reflejada dentro de esta sección como parte que comenzaba a generar un especial interés.

 

Mitología, Biblia y fantasía

Betsabé en el baño

Sebastiano Ricci, Betsabé en el baño (1725)

Se mantuvieron temas clásicos que eran en sí mismos textos de autoridad y requerían de una obra artística al mismo nivel, utilizándose al mismo tiempo como difusores de los valores predominantes de la época. Los temas bíblicos ofrecían un gran abanico de posibilidades expresivas, como ocurría también con los mitológicos. En esta sección no pasa por alto la presencia de la pintora Maria Angelica Kauffmann con obras como Cefise cortando las alas a Cupido.

Cabe destacar también la obras bizarrie, con temas de tribunales inquisitoriales, escenas violentas y satíricas con un trasfondo literario o imaginario.

 

Centro del mundo católico

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Giovanni Battista Tiepolo, El martirio de Santa Águeda (1755)

Italia tenía un peso sustancial en el mundo católico, esto hacía que los artistas se tomasen muy en serio este tipo de encargos.

Pese a la diferencia estilística dependiendo del lugar de origen, los Staatliche Museum conservan una amplia variedad de distintos tipos de obras religiosas: cuadros de altar, proyectos para frescos y otras obras menores.

Pero si algo une a todas estas obras es su elevada carga emocional, tal y como refleja El martirio de santa Águeda de Giovanni Battista Tiepolo, así como una evolución paulatina de todos los artistas hacia una pincelada más suelta.

 

 

 

Sin duda, una exposición que nos permite ir más allá de los lienzos y viajar en el tiempo. Esencial para redescubrir una época de mitos y referentes clásicos.

 

Por Paula Cámara

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