Viola, luces y tinieblas

Viola, luces y tinieblas

El monográfico sobre Viola, que se aborda en el Palacio de Sástago como conmemoración del centenario del nacimiento del pintor aragonés, es clara muestra de su fuerte y agitada personalidad.


En Viola se aúna un relato visual mezcla de surrealismo, gitanismo y anarquismo que desembocan en un genio de la pintura de mediados del siglo XX español. En su permanente nomadismo vivió continuos cambios de residencia, participó en guerras y sufrió el exilio y la clandestinidad. Viola quiso ser poeta antes que pintor, por ello, su pintura a lo largo de su vida se convierte en auténtica poesía, una poesía explosiva y rasgada, una poesía del alma donde las palabras se convierten en astillas de emoción y «color».

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La exposición «Manuel Viola: en recuerdo del porvenir» ofrece un recorrido por la trayectoria artística y vital del pintor zaragozano. Se puede visitar en el Palacio de Sástago hasta el próximo 29 de mayo.

Viola encontró en el Museo del Prado a su mayor maestro, fueron innumerables las tardes en las que paseó por sus salas y se dejó influir por los grandes doctores del pasado. Concretamente en las pinturas negras de Goya encontró el punto de inflexión en su concepción pictórica y a partir de entonces sus cuadros se convertirían en una ventana de luces y sombras. La Saeta (1958) perteneciente a este momento, marcó un antes y un después en su trayectoria pictórica. Con esta obra entró a formar parte del Grupo El Paso, donde encontró el esplendor y el reconocimiento de su pintura. El negro y el blanco, colores de los miembros de El Paso, se convertirán en la seña de identidad de ese momento de la pintura de Viola. Fue en los años setenta, durante su estancia en Bruselas, cuando incorporó de nuevo el color a su obra iniciándose de nuevo una etapa muy fecunda caracterizada por la explosión del color verde. La Isla de los Muertos (1985) es considerada su última gran obra, último cuadro también de su serie de las calaveras, todas ellas inspiradas en el sentimiento metafísico de la fugacidad de la vida.

La exposición es por lo tanto un completo recorrido que recoge algunas de las obras más representativas e icónicas de la carrera de este genial pintor, como La Saeta o La Isla de los muertos anteriormente comentadas. Un gran talento de la pintura informalista coetáneo a Saura y Tapies, entre otros, que llegó a Europa y Estados Unidos con exposiciones en el Guggenheim Museum y el MoMA de Nueva York. Su pintura consiguió aunar los elementos internacionales de las vanguardias europeas con los elementos más tradicionales y profundos de la España del momento. Manuel Viola se convierte por lo tanto en una figura clave dentro de la renovación artística dentro de la España de posguerra.

«Tinieblas es la luz donde hay luz sola», Miguel Unamuno.

 

Por Antonio Clemente

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